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Eric Alfaro

Eric Alfaro

Eric Alfaro, perfeccionista cazador de la belleza

Eric Alfaro tiene 27 años y se la pasa pintando de seis a ocho horas cada día en su estudio de La Habana. Es menudo y enérgico, y esa intranquilidad perceptible en sus ojos se traduce en cinetismo dentro de sus obras pictóricas, en su mayoría de gran formato. Paisajes, retratos y arte abstracto conviven en el universo imaginativo de un creador que parece fuera de época.Se suma a la exposición Visions of Cuba que tomó por sede a Key West, al sur de Miami, donde dos de sus creaciones se colocaron junto a las de casi 50 de los más importantes creadores cubanos contemporáneos.El camino recorrido hasta este instante en que sus paisajes lo encumbran fuera de Cuba ha sido largo y peculiar. Su estudio tiene montones de cuadros. El retrato de una pelirroja te recibe a la entrada, mientras más adelante te espera otra chica de perfil que adorna sus cabellos con flores, parte de su serie Portraits with Flowers. Los ojos de sus personajes develan sus miedos, sus aspiraciones. Eric Alfaro tiene el poder sobrenatural de transferir al espectador los sentimientos de sus obras: soledad en sus faros; tranquilidad en sus nenúfares; rebeldía en la chica con el pitbull... Es, sencillamente, sobrecogedor.De Rusia a MorónNacer en Rusia en 1991, lo imbuyó con las creaciones de los grandes maestros que presiden las salas de los museos moscovitas. Sus obras, vistas a vuelo de pájaro, poseen un deje de los maestros de la Academia de San Petersburgo, con trazos precisos, colores perfectos, escenas fotográficas. Hay mucho de maestría y experimentación en los trazos al óleo, en las fotografías que reinterpreta para dar vida a sus fantasías.Fanático del cómic, la reproducción constante de los dibujos animados llevados a papel y lápiz hicieron evidentes sus talentos para la plástica. Aún hoy, lleva en su cuerpo ese amor por la historieta y una pasión por Warhol que vive en sus tatuajes.Aun así, no puede escapar a la costumbre de ensayo y error, de experimentación constante basada en las técnicas de los antiguos maestros. Encontramos en Eric trazos de Van Gogh, colores de Monet, puntillismo, expresionismo, realismo ... Es versátil y detallista, artífice de las técnicas con un control de maestro."Voy al lienzo en blanco esperando un resultado y en el proceso aparece otra cosa. Lo que a veces puede ser una propuesta con bases del realismo puede tornarse expresionista; pero sobre todo me gusta el proceso, las emociones que le pongo, los recuerdos que me trae", relata.En Rusia, donde estuvo aproximadamente hasta los 10 años, sus padres lo llevaban con regularidad a ver arte a los museos. Allí se encuentra el primer germen de su vocación. Sin embargo, mucho ha cambiado desde su época de mera reproducción y apreciación del arte, hasta hoy. Confiesa que a veces el mensaje de su pintura no está escondido."Busco la belleza y para llegar a ella lo más importante en el proceso de trabajo es cómo la plasmo", asegura.A pesar de ello, algunas de sus obras más especiales tienen un código: "Me esfuerzo para que mis obras sean sugerentes y que el espectador pueda identificarse con ellas desde sus propias experiencias y vivencias. Creo que la posibilidad de ?interpretar? algo es una de las libertades más bonitas que ofrece el arte", dice.La sensibilidad y el arteAlfaro encuentra en la conexión entre sus creaciones y la gente un placer enorme. Le gusta que se identifiquen con un personaje o una situación, o cuando pinta un paisaje y a alguien le resulta familiar el lugar. Sin embargo, nunca fue la pintura lo que imaginó sería su camino. Sus padres lo encaminaron, revela, a estudiar pintura, pues siempre estuvieron fascinados con sus copias de los dibujos animados o las historietas. De hecho, cuando quiso presentarse a la Escuela Provincial de Artes Plásticas de Morón, Ciego de Ávila, provincia al este de La Habana, inicialmente no podría, pues el plazo se había vencido."A pesar de eso, los profesores me dieron una oportunidad y asistí a una convocatoria fuera de fechas y pude entrar", declara.La escuela, sin embargo, lo cambió. El pintor que nunca vio en sí de pequeño iba tomando forma hasta que un día se dijo que no había nada más en el mundo que podría hacerlo tan feliz como dedicarse a las artes plásticas.Sacrificios, búsquedas, aspiracionesHasta hoy, la carrera de Eric ha estado marcada por el sacrificio y la constante búsqueda de oportunidades. Lo primero fue, tras terminar la escuela, trasladarse a la capital cubana, donde existen más posibilidades de progresar que en el resto de las provincias.Lo primero fue en 2012, "Los sueños del alma", una expo colectiva en la fototeca de Cuba, del Centro Histórico de La Habana, donde pudo hacerse visible en el circuito artístico. Más tarde se unió a su actual esposa, María Karla Watson, en la conformación del proyecto 91 Estudio, una suerte de sitio independiente donde exhiben sus creaciones ?ella también es pintora? y organizan muestras.Importantes espacios citadinos como la 12ma Bienal de La Habana, Fucina des Artistas, La Acacia, los hoteles Occidental Miramar y Habana Libre han servido para exhibir el mundo creativo del joven artista. Además, sus obras salieron de Cuba como parte de la muestra colectiva Familiar Faces, organizada por Coperbridge Foundation, en el marco del Festival de las Artes "Copperfest" realizado en el Museum of Contemporary Art of North Miami (MOCA)."Para el futuro, me gustaría tener siempre esta misma energía de ahora, producir la misma cantidad de trabajos y continuar disfrutándolo al máximo. Dedicarme al arte es vital para mí. Estudio mucho y me mantengo enfocado", confiesa.Eric Alfaro, invitado a la muestra Visions of Cuba que está desde este el primero de febrero en la Cuban Cigar Factory Eduardo Gato, en Key West, Florida, tiene muchísimas inquietudes y aspiraciones.Sigue en su empeño de transmitir la belleza, de descubrir los secretos de los viejos maestros a los que admira y cree que en el arte del pasado se encuentra la clave para el buen arte del presente.

Abril, 2019

ERIC ALFARO

The Challenges in a Good Portrait

By Dayneris Brito

The pure and simple "representation" of the "real", the bare chronicle of "whatis" (or has been) thus appears as a resistance to the meaning.

Roland Barthes

The crisis of representation in art (already noticeable since the avant garde movements of last century) is no longer a theme that disturbs or stimulates the current symbolical production. For those of us embedded in current art and its diverse facets, the traditional seems to have succumbed in the face of the great wave of cultural postmodernisms restricted to the ephemeral, the perishable and the transitory existence of its concrete forms. But even when fine arts lose space in the era of the media and conceptual constructions, their presence is still an enriching experience for art lovers.

Perhaps for that reason (and for the candid, unselfish gesture in front of a sordid and extremist scenario) the works of Eric Alfaro Gómez (Moscow, 1991) are so attractive. This creator finds in the portrait the support to show himself as a true expert of the academic trend, appropriating all the elements leading to good painting. His art, still incipient, is that of a philanthropist who searches into human sensibilities and reveals through a realistic painting the tender gesture, the grumbling glance, or the insinuated eroticism. His interest in widening the craft and exalting the portrait as mixture of technical and formal knowledge results in the combination of novelty and tradition, recycling and authentic work.

In his series Flowers (2016) the flower is the distinctive element in each one of his models, and at the same time a mere pretext for the formal experimentation and aesthetic delight, exerting unwonted imitation. A naïveté at times persists in their faces, which is nothing but the means to reveal the secrets in the image: the sexuality and sensuality hidden in their candid poses.

On the other hand, in Needle (2017) he chooses to paint feverish images in detriment of the precious line, aimed at the nervous brush, dripping and strong pasting. Here the tattoos on the skin of his figures become metonymy of distortion and dislocation of a reality that appears as penetrating and incisive as the very action of the needle on the muscular tissues.

But if up to the present Eric Alfaro shows firm steps in his painting career, his poetic nature reaches perhaps higher levels in his black and white drawings. It is in this field that the artist finds himself and employs his drawing potentialities in an extraordinary way when imitating real faces selected from photographs and daily memories. His valuable technical mastery and keen-sightedness to capture moving and true gestures evidences a personal seal that, despite being figurative, does not lack space and sense. On the contrary: the representation is the result of a research prior to creation where a good pulse, knowledge of human anatomy and boundless imagination are outstandingly present.

Let us imagine that his standpoint is that of a chronicler of genres that places his figures on the borders of tracing to make them become characters with legitimate attitudes. That is why we perceive in his women a hedonism achieved by the aesthetic delight in their most sensual attributes (hair, lips, glance) and at the same time we see the humanized painter in his studio. Both paths will serve the artist to search between the formal renewal of the portrait and the addition of attributes to contribute to its full brilliance. Precisely in this coming and going is where Eric Alfaro finds his best achievements.

ERIC ALFARO

Provocaciones al buen (re)trato.

Por Dayneris Brito

La "representación" pura y simple de lo "real", el relato desnudo de"lo que es" (o ha sido) aparece así como una resistencia al sentido.

Roland Barthes

El tema de la crisis representacional en el arte -que se viene advirtiendo desde los movimientos de vanguardia en el pasado siglo- ya no resulta un factor que inquiete o estimule los confines de la producción simbólica contemporánea. Para los que vivimos abstraídos en la actualidad artística y sus diversos entresijos, lo tradicional per se parece haber sucumbido ante la gran ola de posmodernismos culturales ceñidos a lo efímero, lo perecedero y a la estancia transitoria de sus formas concretas. Pero aún cuando las "Bellas Artes" pierdan terreno en los predios de la era medial y de los constructos conceptuales, su presencia sigue siendo una experiencia enriquecedora para los adeptos del arte.

Tal vez por esa razón -y por la candidez del gesto desinteresado ante un panorama que se advierte sórdido y maniqueo- resultan tan atrayentes las obras de Eric Alfaro Gómez (Moscú, 1991). Para este creador, el retrato será el soporte mediante el cual se desdoble en un verdadero conocedor del sesgo académico, haciendo suyo cada uno de los juicios que den paso a la "buena pintura". Su poética, aun en ciernes, es la de un filántropo que escudriña en las sensibilidades humanas y devela mediante la pintura realista el gesto tierno, la mirada quejumbrosa o el erotismo insinuado. En su interés por el ensanchamiento del oficio y la entronización del retrato como amalgama de saberes técnicos y formales, se produce el maridaje entre novedad y tradición, reciclaje y obra auténtica.

En su serie Flowers (2016), la flor es colocada como elemento singular que persiste en cada una de sus modelos y al unísono, funciona como mero pretexto para dar lugar a la experimentación formal y el regodeo estético, apropiándose de un mimetismo inusitado. Pervive en sus rostros una ingenuidad a ratos, que en ocasiones no es más que el resorte para develar los entresijos de la imagen: la sexualidad y sensualidad que esconden sus poses candorosas.

Por otra parte con Needle (2017) opta por imágenes febriles en detrimento del trazo preciosista, dirigidas hacia la pincelada nerviosa, el dripping y los fuertes empastes. Aquí, los tatuajes sobre la piel de sus personajes devienen metonimia de distorsión y dislocación de una realidad que en efecto se nos presenta tan penetrante e incisiva como la propia acción de la aguja sobre los tejidos musculares.

Pero si hasta el momento Eric Alfaro ha transitado con pasos seguros por su devenir pictórico, quizás su vuelo poético alcanza más altura en sus dibujos en blanco y negro. Es en este terreno donde el artista se encuentra a sí mismo y explota sobre manera sus potencialidades como dibujante al optar por la imitación de rostros reales escogidos de fotografías y recuerdos cotidianos. En su valorado dominio técnico y su perspicacia para captar gestos conmovedores y verídicos, radica la persistencia de un sello propio que no por figurativo carece de espacio y sentido. Todo lo contrario. La representación a ultranza constituye el reflejo de una investigación previa a la creación donde sobresale el buen pulso, el conocimiento anatómico y la imaginación desmedida.

Supongamos que su postura es la de un cronista de géneros que coloca a sus figuras en los límites del calco para hacerlos devenir en personajes con actitudes legítimas, de ahí que respiremos en sus mujeres un hedonismo logrado por el regodeo estético de sus más sensuales atributos (cabellos, labios, mirada) y al mismo tiempo veamos al pintor en su estudio, humanizado. Ambos caminos le funcionarán al artista para hallarse sondeando entre la renovación formal del retrato, y la incorporación de atributos que contribuyan a su absoluta lucidez. Precisamente en este ir y venir, Eric Alfaro encuentra sus logros más acertados.

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